Roca Ingràvida
En Roca Ingràvida, Juan Guerra reduce el paisaje a masa, luz y aliento. La roca parece suspendida en lugar de pesada, sus bordes suavizados por veladuras controladas y tonalidades minerales. La superficie alterna densidad y vacío —pasajes compactos frente a campos abiertos—, de modo que la mirada percibe un ritmo pausado en lugar de una escena estática. Surge una sutil paradoja: la materia se vuelve ligera y el tiempo se condensa en una nota contenida.
¿Te interesa esta obra?
Escríbenos: te responderemos con disponibilidad y detalles de compra.
Precio
Bajo consulta